¿Qué estamos dispuestos a perder para conservar aquello que más importa? Esta es una de las preguntas que atraviesan Lo que no estamos dispuestos a perder, el libro del escritor de Estepona Juan Antonio Almanado, que reúne ocho relatos de misterio, ciencia ficción, aventuras y terror, con historias que nos llevan a explorar los límites de la realidad, los sueños y las emociones humanas.
He tenido el privilegio de acompañar a Juan Antonio en parte de su recorrido literario desde mi taller de escritura, Palabreando, y de trabajar en la corrección de esta obra. Por eso, escribir su prólogo ha sido una satisfacción especial: he podido conocer de cerca la evolución de unos textos que hoy llegan a los lectores convertidos en un libro.Quiero compartir contigo ese prólogo, en el que cuento cómo ha sido parte de ese camino y por qué merece la pena acercarse a estas ocho historias.
Te invito a leerlo y, después, a descubrir el libro completo. Porque, como digo en el prólogo, Juan Antonio ya no necesita que nadie le acompañe. Necesita lectores.
PRÓLOGO
Juan Antonio ya no necesita que
nadie le acompañe
Hay un momento en la vida de todo
escritor en el que las historias dejan de ser solamente suyas.
Durante un tiempo permanecen en un cuaderno, en un archivo del
ordenador o, como ocurrió con algunas de las que forman este libro,
guardadas en un cajón. Después llega el momento de volver a ellas,
leerlas con otros ojos y preguntarse qué tienen todavía que decir.
A Juan Antonio Almanado le ha
llegado ese momento.
Conozco una parte del camino que
hay detrás de estas páginas porque muchos de estos relatos pasaron
por mi taller de escritura, Palabreando. Allí llegaron textos que
todavía estaban buscando su forma. Los hemos leído, comentado y
trabajado. Juan Antonio ha ido regresando a ellos una y otra vez
hasta conseguir que cada historia encontrara la manera de contar lo
que quería contar.
Por eso, cuando tuve en mis manos
este libro terminado, sentí algo difícil de explicar. Había visto
parte del proceso y ahora podía contemplar el resultado.
Y debo confesar que hubo algo que
me sorprendió especialmente. En los agradecimientos, Juan
Antonio ha incluido mi nombre y me dedica unas palabras. No me las
esperaba. Quizá por eso las recibí con todavía más emoción.
Porque quienes acompañamos a otros escritores sabemos que nuestro
trabajo consiste muchas veces en preguntar, corregir, insistir y
volver sobre un texto. Pero el mérito de escribirlo, reescribirlo y
hacerlo propio pertenece siempre al autor. Y Juan Antonio ha trabajado.
Hay en Juan Antonio una forma de
entender la literatura que me recuerda a los escritores que abrieron
las puertas de la imaginación mucho antes de que habláramos de
ciencia ficción como género. Pienso especialmente en Julio Verne,
en esa capacidad para partir de una idea, llevarla hasta sus últimas
consecuencias y construir alrededor de ella un mundo en el que el
lector entra casi sin darse cuenta. En sus relatos aparece algo de
esa fascinación por lo desconocido, por los viajes, por la ciencia,
por lo que podría ocurrir más allá de nuestra realidad cotidiana.
Esa mezcla de imaginación y emoción está presente, de una manera u
otra, en las ocho historias que forman este libro.
Porque, Lo que no estamos
dispuestos a perder, no es solamente una recopilación de relatos
escritos en diferentes momentos. Es también el resultado de un
aprendizaje. Juan Antonio comenzó vinculado a la poesía y, con el
tiempo, encontró en los talleres de escritura una forma distinta de
expresarse. Algunos de aquellos cuentos permanecieron durante un
tiempo guardados hasta que decidió recuperarlos y darles una nueva
oportunidad.
Esa nueva oportunidad es este
libro.
Y merece la pena entrar en él sin
saber demasiado de lo que ocurre en sus páginas. Porque una de las
virtudes de estos relatos está precisamente en que Juan Antonio sabe
guardar información y dejar que sea el lector quien vaya
descubriendo qué hay detrás de cada historia.
En «La esfera de la
vida», la ciencia ficción sirve de punto de partida para
hablar de algo mucho más cercano: la familia y el miedo a perder a
quienes queremos.
«Pedro y el mar»
nos lleva a una historia de aventuras en la que el mar esconde un
encuentro que cambiará el rumbo de su protagonista.
«Un sueño perturbador»
nos introduce en una realidad en la que los sueños, los recuerdos y
la propia identidad comienzan a confundirse. Es uno de esos relatos
que invita a seguir leyendo porque cada respuesta abre una nueva
pregunta.
En «Casi inalcanzable»,
Eva busca algo que cree conocer muy bien: la felicidad. Pero quizá
descubrir qué necesitamos para ser felices no sea tan sencillo como
parece.
«La venganza del pasado»
se mueve por el territorio del terror y juega con una de las
situaciones que más inquietan al lector: cuando ya no sabemos si
aquello que estamos viviendo pertenece al sueño o a la realidad.
«Desde el asfalto»
parte de un instante que obliga a su protagonista a detenerse. Y a
veces basta un instante para mirar de otra manera todo aquello que
hasta entonces parecía importante.
En «El búnker del
infierno», el pasado se hace presente a través de una
historia de misterio y tensión en la que las imágenes de la Segunda
Guerra Mundial esconden algo más de lo que parece.
Y «Paraísos enfrentados»
nos lleva a un futuro dominado por la inteligencia artificial y
plantea una cuestión que cada vez resulta menos lejana: ¿qué podemos
llegar a entregar a cambio de vivir en un mundo más seguro y
organizado?
Son ocho historias diferentes. Sin
embargo, mientras las leía, fui encontrando algunos temas que
regresan en cada relato: los sueños, la memoria, el miedo, la
pérdida y la dificultad de discernir la realidad de los sueños. Son
cuestiones que poco a poco empiezan a formar parte del universo literario
de Juan Antonio.
Y quizá ahí esté uno de los
aspectos más interesantes de este libro: empezamos
a reconocer al escritor detrás de las historias.
Conseguir una voz literaria propia
no es fácil, aparece con el tiempo, mientras se escribe, se corrige,
se aprende y se vuelve a escribir. Aparece cuando el autor deja de
preocuparse únicamente por hacerlo bien y empieza a preguntarse qué
quiere contar y cómo quiere contarlo.
Yo he tenido la oportunidad de
acompañar una parte de ese proceso. Por eso este libro me hace
especial ilusión.
Porque detrás de cada relato hay
muchas horas de trabajo que el lector no verá. No verá las primeras
versiones, las dudas, las correcciones ni las conversaciones sobre
una escena o un personaje. Solo encontrará el resultado final. Y eso
es exactamente lo que debe ocurrir cuando un libro llega a sus manos.
A partir de aquí, Juan Antonio ya
no necesita que nadie le acompañe. Necesita lectores.
Lectores que entren en estas
historias sin saber demasiado. Que se dejen sorprender. Que se hagan
preguntas. Que cierren un relato y tengan ganas de comenzar el
siguiente. Porque quizá eso sea lo mejor que puede conseguir un
libro de relatos: que cuando terminamos uno, todavía queramos saber
qué nos espera en el siguiente.
Y este libro tiene ocho
oportunidades para conseguirlo.
Enhorabuena, Juan Antonio, por esta
maravillosa obra literaria.
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